Hace un par de años habría matado por que actuaras como lo haces ahora.
Por que fueras tú el que me buscara con la mirada entre la multitud.
Por que fuera tu último pensamiento antes de caer dormido.
Por que me escribieras diciéndome que querías verme, que ese segundo en la calle no había sido suficiente.
Te lo juro, habría matado.
Pero como siempre, llegas tarde.
Eres un impuntual en el amor.
Y no te culpo. Ahora ya no.
Antes te culpaba a todas horas. De lo nuestro. De lo tuyo. Y de lo mío.
De todo lo que pasó. Y de lo que no.
Fuiste el culpable de todo aquello.
Del paraíso en el que viví unos años.
Y del infierno que viví después, cuando todo se fue a la mierda.
Pero ya no te culpo. Porque todo ese rencor, toda esa tristeza, por fin se curó.
Aunque a veces lloro, no lo niego.
Pero lloro por la nostalgia de saber que ahora podría tenerte, de saber que te arrepientes, y de haber perdido el tren que me llevó a otro corazón.
Sé que ya no es amor. Lo sé, y aún así a veces lloro.
Porque podríamos haber movido oceános y continentes en aquel momento, pero ahora ya no.
Y me jode, porque nuestra historia (mientras duró) fue la más bonita que hemos vivido los dos, y estoy segurísima de eso.
Y se acabó por tu culpa. Lo sabes, aunque no lo admitas.
Y al final pasa lo de siempre. Que el tiempo pone a cada uno en su lugar, y al que menos sufrió en su momento ahora le toca ver al amor de su vida en brazos de otro.
Y no sé qué es peor. Lo que tuve que pasar yo cuando se terminó,
o lo que estarás pasando tú ahora por no poder volver a estar conmigo.
Supongo que me pasa un poco lo que dice mi amigo Defreds, que hay personas que sólo con verlas te hacen temblar. Aunque sea tarde. Aunque ya no se pueda. Siempre van a conseguirlo. Que las ganas estén ahí.
Y yo a vos siempre te he tenido ganas.
Hasta cuando te odiaba.